jueves, abril 30, 2020

Ciclo de confesiones


I
Sin recato, te diré que quiero sentir tus labios en mi piel, conocer la sensación que su textura dejaría al recorrerla, la milimétrica presión que ejercerían sobre ella, la calidez que pudiesen trasmitir y también, por supuesto, quiero medir la pasión con la que me podrían devorar la boca. Siendo más atrevido, te confieso que quiero verte sumergida en mí, tan profundamente como yo deseo estarlo en ti, sin reservas ni recatos que cohíban, sin límites obtusos, de esos que suele imponer la razón… Uno pasa por ahí, toma una bocanada de aire, se encuentra esos labios y no llegas a imaginar lo que pueden, en un solo instante, despertar.

II
Lo que en este instante necesito no está en tu boca, lo que necesito no se haya en tu cuerpo, no está bajo tu piel ni mucho menos dentro de tus sueños, lo que necesito responde tan solo a un monosílabo, a un instante gramatical, a una línea efímera del tiempo absoluto. Lo que necesito esta tarde de domingo septembrino, placido suspiro santiaguino, es la simple resonancia de tu voz, afirmando la merecida recompensa a un pasado irreverente que se negó a sucumbir ante el señor tiempo.

III
Voy a confesarte un secreto de décadas:
Una noche de amigos, entre un baile y unas risas, descubrí una insólita manía que me hacía más ligeros los días plagados de cátedras y las largas esperas en los pasillos, entre una y otra; descubrí que, ante tu sonrisa, las jornadas volaban como en un túnel de terciopelo; que era casi imperceptible, aunque aguda, la vibración de tu sangre cuando jugaba a hacerte dormir con mis dedos entre tus cabellos; y que eras el mejor elemento de sosiego para los solitarios momentos. Y la manía, la manía era esa, sentirte viva, hacerte reír, buscar cada espacio para hacerte sentir feliz y así, continuar mis clases más gratamente, sin pretensiones.

IV
Aun me quedan suspiros que suenan a tu nombre y ansias impulsivas de tomar tus manos al atravesar cualquier noche. Aun en mis ojos se anida el anhelo de cruzar con tu mirada y en mis labios la idea de sellar en los tuyos mis más profundos secretos. Aun corres inspirando mi alma y flotas por los valles de mis sueños. Aun quema en mi pecho la pasional idea de conjugar un verbo con lo más profundo de nuestros deseos. Aun se despiertan mis letras cuando llegas a visitar a Morfeo. Aun tu voz suena incesante, acompasando el trajinar de los minutos en las noches profundas, infiltrándose en mis almohadas y tal vez hasta escondiéndose en algún rincón de mi cama, para ante la más mínima aproximación a ella, brotar de nuevo de la nada y arrullarme un sueño.

V
He aprendido, que en mi camino hay instantes en los que la sincronía en el paisaje sosiega el alma, donde son idóneos forma y momento. Son instantes, así como este, que conjuga la sabiduría de tu espíritu radiante, con la cautivadora plenitud de tu silueta, todo finamente armonizado por aquella sonrisa encantadora que se convierte en tu marca personal y que desde hace algunos kilómetros atrás vengo admirando.


Ardes.

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