¿La muerte?
La muerte amigo, es solo un ‘buenos
días’ más en el cotidiano de mi pueblo y se le ve mucho acompañada en las esquinas
de una tal violencia. A diario la saludamos mirándola a los ojos y nos devuelve
el saludo con una mueca risueña, tal vez pa distraernos mientras nos llega.
Algunos, con los que parece tener más confianza, la saludan con rigurosidad castrense
y formalidad de etiqueta.
A ella se le ve siempre acompañada,
cuando va por los parques y las calles, de gente muy elegante, de dinero y
prestigio, finas costumbres y hábitos exquisitos; a veces también, de uno que
otro de pinta más humilde, que bien sea por desespero, ignorancia o ambos, se
va de tragos con ella cualquier viernes, sábado o domingo.
Sin embargo, como cualquiera de esas
otras gentes de bien, ella también aporta al pálido color de nuestras calles,
bien sea con su escarlata favorito o de vez en vez, con ese color silencio que
dejan los desaparecidos y en los días más movidos, con nuevas ventilas en los
techos de las casas o más espacio dentro de ciertas familias que ni pa que
mencionar.
¿La muerte?
La muerte es vecina y amiga en este
pueblo agotado, una andariega más que conoce a la perfección cada rincón de las
calles y escondrijos, que se mece en los columpios de los parques y se asoma a
los balcones en las madrugadas, viendo coquetamente tanto a hombres como
mujeres. Es tanto así, que casi estamos seguros que tiene casa ahí más arriba,
en la alta calle de las palmas, esas de cuello largo, altivas y coronadas de
gallinazos, allá donde están los hermosos miradores...
¿La muerte, amigo?... Mírela, ahí
viene con uno nuevo; salúdela con confianza, que ella es buena papa, sonríale y
dele las gracias...
¿La muerte? Ella por acá siempre
anda...
Henry.
No hay comentarios:
Publicar un comentario