Siento llegar un lapsus en el camino, un mudo espacio donde callan las palabras y los cuerpos. Siento que se dispersa la bruma de la mañana sobre las pieles exhaustas de tanta magia. Oigo sus pasos abandonar obligadamente el cuarto, dejando huellas que se sumaran a las marcadas en mi espalda, a las impresas en su alma. Veo sus labios partir satisfechos, probar el café, arquearse y sonreírle a un rayo de sol, salir y saborear el roció que se precipita desde los árboles, a su paso por el jardín. Siento la llegada de un breve rincón donde no habrán más ojos para leernos, ni otros sentidos de terceros para explorarnos. Presiento un nuevo paisaje en las mañanas y una nueva cuna para los sueños en las noches.
Siento más magia entre mis dedos y latir más la sangre dentro de mis venas.
Ardes.
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