No negare, mientras sus pies sigan cruzando mis noches, que
le guardo menos cariño que ayer en la madrugada, y más que anoche antes de
sentarme a revivirle la piel sepultada; que hoy la lluvia me obligo a abrazarla
contra mi voluntad y que me gusto hacerlo sin tocarla. No negare nada, así me
contradiga y se confundan a mis lectores. Porque esta negación ya me tiene tan
confuso, que no le veo sentido a aceptarle al diablo los recuerdos y a los
ángeles los sueños, o a usted sus últimos buenos días y a mí, el te dejare
lejos. Por eso digo que no acepto nada de lo que le digo, no hablo yo, eso se
lo niego con el corazón!
Henry.
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