Es una felicidad que se sienta sola en la banca del
parque y pasea por las calles sin pasos compañeros, y muchas veces en verdad
parece ser una felicidad tan infinita, pues la encuentro incómoda tan solo
habitando en mí, pareciese que padeciera de una megalomanía que la empujara a
fundar un imperio, radicándose entre las sonrisas y el pecho de algunos
territorios vecinos.
Eso sí, garantizo que no es una felicidad compleja,
por el contrario, es sencilla en cada uno de sus sentidos. Es una felicidad que
aún se nutre de la simplicidad de los vientos atravesando el valle, o de la
magia que viaja rio abajo entre las piedras; frecuentemente se alimenta de
las madrugadas que despiertan mis
paisajes, de las noches estrelladas y la divina luna que me suele acompañar.
Pero si, a pesar de todo esto hay evidencias que
señalan a que mi felicidad es una felicidad insatisfecha e inconforme, aunque o
tal vez pudiera ser simplemente ambiciosa. Sea como sea, algo le va pasando a
mi felicidad últimamente, que no me hace infeliz, pero que me hace. Sera seguir
paseando con ella por las calles o en los buses, sonriéndonos conmigo mismo, ignorando
las miradas de aquellos que reúsen ser invadidos, seguiré gozándola mientras
descifro realmente las causas de esta inconsistencia, a ver si es que anda de
caprichosa, o contagiada de alguna felicidad que no habita en mí.
Ardes.

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