miércoles, febrero 25, 2009

(07) III

Odio que te marches anónima,
que vulneres mi gusto,
y tranques con silencio,
el nacimiento de mi interés en ti.

Odio aquel instante en que nos miramos,
en que me antojo de vos,
de la suave línea rojiza
de tus labios ausentes.

Al igual que odio
los metros entrometidos,
que separan mi excusa,
un paso más, una silla.

Pero miento,
ya que el odio es a mí,
a la impotencia de mis actos,
a no poder cantar mi nombre,
par de silabas a tu oído.

Es la impotencia para acercarme a tus cejas,
y poder largarme contigo,
y no quedarme sentado retorciéndome con este odio,
ante el vapor del café.


Jr. Henry

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