Somos dos los perdidos en la cama, tu corriendo en círculos en tus
sueños, dándole vuelta a tu almohada, yo sin poder ubicar el sur o el norte del
colchón. Hemos perdido hasta el insomnio y ya ni las cobijas son tan amplias
para arroparnos junto con nuestras realidades. Y ni el frío del metal del catre
se compara con la escarcha que se desprende de tu espalda, al rozarla con mis
manos afiladas.
Fueron nuestros sueños eternos o nuestras vivencias ausentes las que
corrieron a las golondrinas y llenaron los ocasos de quirópteros, que se
estrellan con la agudeza de nuestro silencio. Nos fuimos mujer y aun no nos
dimos cuenta, nos soltamos las manos y nos separó la corriente.
Llega la noche y cierro tus ojos con un beso, te susurro un te quiero
y me lo respondes, y ahí nos hacemos los dormidos, nos negamos la realidad por
una costumbre. Y vuelves a tus recorridos de almohada y yo, yo saco la brújula
y divagamos de nuevo, con Cupido en la ventana bañado en impotencia!
Ardes.
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